Los Santos Inocentes III: (Los Inocentes)

Hoy se ha celebrado en las principales ciudades españolas una protesta cívica contra la nueva ley del aborto por parte de la plataforma Derecho a la Vida.  Es de agradecer que haya sido esta vez una iniciativa ciudadana y no los obispos ni otros colectivos fuertemente politizados. Es necesario que quede clara la idea de que éste no es un asunto religioso ni político. No se trata de un enfrentamiento entre creyentes y no creyentes, o entre izquierdas y derechas. Ésta es una cuestión moral, y por tanto, muy anterior a aquellas otras convenciones.

Me ha entristecido mucho contemplar estos días cómo se ha formado un encendido debate en torno a la fiesta de los toros que ha anegado de tinta las redacciones de los periódicos y las tertulias radiofónicas. Sin embargo el mutismo sobre el debate del aborto ha sido enorme. Personalmente considero que el toreo constituye un ensañamiento cruel contra la vida animal, pero ¿por qué nadie aprecia crueldad alguna en el aborto? ¿por qué más que un problema ético parece un mero asunto de doctrina política, como pudieran ser los impuestos?

Esto es así porque todo el mundo ha visto y puede ver en todo momento una faena torera. La realidad está ahí, es palpable, y puede suscitar, como es el caso, rechazo o no. Por el contrario la realidad del abroto se encuentra totalmente oculta. Nunca ha salido a la luz. Las mujeres que toman la decisión de abortar tienen muy poca o ninguna idea de en qué consiste el proceso. Prueba de ello la da la publicidad de las clínicas abortivas. Se tiende a pensar pues que se trata de un método limpio y aséptico en el que el nonato muere instantánea e indoloramente. Pero no es así. La realidad es tan diametralmente opuesta que a su lado las corridas de toros son un espectáculo infantil.

No podemos ser libres en la elaboración de nuestro criterio y en la toma de nuestras decisiones si se nos priva de información. Por ello es imprescindible que la gente sepa qué hay detrás del aborto; en el antes, en el durante y en el después. Habrá personas que se nieguen a acercarse a esta realidad; pienso sinceramente que es porque en el fondo de su ser sienten que hay algo terrible en ello y prefieren esconderlo y no enfrentarlo. A aquellos que por el contrario se encuentren completamente seguros de el aborto es una práctica completamente ética y que nada les puede hacer cambiar de opinión, estoy convencido de que no tendrán miedo alguno a ver el siguiente corto documental presentado por el actor Eduardo Verástegui, pues de lo contrario me estarían dando la razón.

Existe otra aproximación menos cruda pero no menos rigurosa que es el documental realizado director Ricardo del Pozo, en el cual se muestra cómo la decisión de abortar de la mujer en una inmensa mayoría de los casos viene dada por la falta de apoyos en su entorno inmediato, es decir, por el miedo, la soledad o el desamparo; algo intolerable por evitable.

Sólo, como decía, con todos los elementos de juicio en la mano podremos formarnos una opinión sobre el aborto. Y estos elementos de juicio han sido sistemáticamente escamoteados. Gran responsabilidad de ésto la tienen los partidos políticos tanto de izquierdas como de derechas, pues, como la portavoz de la plataforma Derecho a Vivir Gádor Joya manifestó hoy, el tema ha sido injustamente relegado como si fuera privativo de ultras y beatas.

Para ilustrar lo contrario dejo aquí las opiniones de diversos militantes de izquierdas, entre ellos Miguel Delibes, de cuya celebérrima obra he adoptado cariñosamente el título de esta trilogía de ‘posts’. Con sus palabras cierro pues esta reflexión con la que pretendo humildemente haber hecho pensar al lector de estas líneas:

“Aprendí de viejos y verdaderos militantes socialistas, que dieron hasta el último aliento de sus vidas por los ideales en los que creían, que no hay en nuestros días una afirmación más reaccionaria que la del derecho de una persona sobre la vida del hijo no nacido. Es el derecho de propiedad más absoluto concebible, más allá del derecho del amo sobre el esclavo”.

Joaquín Montero. Ex-concejal del PSOE

“Lo cierto es que detrás de un aborto hay mucho sufrimiento y dos vidas destrozadas. Marx, en su libro El Capital, recoge testimonios de niños y jóvenes explotados en las minas escocesas de carbón y reacciona frente a la opresión de la que son objeto estos indefensos frente al poder de los intereses económicos. Hoy los oprimidos son estas jóvenes mujeres que desfilan al interior de los abortuorios, víctimas de una sociedad que primero les vende la falacia del sexo sin riesgos, luego les niega ayuda ante un embarazo inesperado y finalmente las empuja contra su voluntad al callejón sin salida del aborto. No se puede ocultar más la realidad: el aborto es una forma de violencia machista contra la mujer y un lucrativo negocio.”

Enrique Encabo. Ex- militante de UGT y miembro de la Junta de Personal de Comunidades de Castilla-La Mancha

“El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto, y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podía atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podía recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí?”

Miguel Delibes

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~ por eruhc en marzo 7, 2010.

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